El maltrato psicológico se ejerce, principalmente, a través de una manipulación emocional que se manifiesta mediante la desvalorización, la culpabilización, la intimidación, el chantaje y a través de la imposición de conductas restrictivas como el aislamiento y el control económico.

Este tipo de maltrato refleja diversas actitudes por parte del maltratador: hostilidad, que se manifiesta en forma de reproches, insultos y amenazas; desvalorización, que supone un desprecio de las opiniones, de las tareas o incluso del propio cuerpo de la víctima; e indiferencia, que representa una falta total de atención a las necesidades afectivas y los estados de ánimo de la mujer.

Las víctimas de maltrato doméstico son mujeres con una edad media de 41 años.

La mayoría de estos casos comienza a partir del primer embarazo, sobre todo si el feto es varón, porque el agresor, a partir de que nazca se sentirá reemplazado.

En cuanto a las características del maltrato, existe una predominancia del maltrato físico y, en general, el primer episodio se produjo durante el primer año de convivencia. El maltrato a la mujer tiende a extenderse hacia los hijos.

El agresor se comporta de manera agresiva preferentemente dentro del hogar y no manifiestan problemas destacables en sus relaciones sociales y laborales.

El perfil psicopatológico característico del maltratador corresponde a la presencia de bastantes síntomas psicopatológicos tales como ansiedad generalizada, problemas en el control de la ira, impulsividad, déficit de autoestima, celos, abuso de alcohol, hostilidad y dependencia emocional, pero sin un cuadro clínico definido.